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sábado, 7 de abril de 2007

Emoción y discernimiento

El discernimiento no es un acto racional, como tampoco lo es la reflexión.
Es un ubicarse, un dónde estoy, preguntarse qué estoy haciendo, qué es lo que pretendo. Es decir, qué hago con mi vida.
Discernir es hacer la suma y resta de todos nuestros deseos, esperanzas y sueños. Por lo tanto es un acto emocional.
Es vivir de acuerdo con lo que yo creo y pienso, o sea atender a mis propias consecuencias, de tal manera que cuando digo sí a mis proyectos el mundo es mejor, lo hago más feliz. Y cuando me niego a ser consecuente el mundo se oscurece un poco. En resumen, la sociedad estará mejor si decido vivir de acuerdo con una conducta ética.

Etica es la responsabilidad de lo que hago.
Moral es el cumplimiento de las normas.

Doy un ejemplo como creyente: Yo no evangelizo cuando explico o pretendo explicar el evangelio, pues no puedo repetir o copiar lo que pasó o se dijo en un momento de la historia, ya sea real o creado por personas.
Evangelizar es diseñar una realidad o imaginar un mundo de acuerdo con lo que yo pienso y valoro lo que a su vez fue diseñado por Jesucristo.
Soy el resultado -bueno o malo- de miles y miles de creyentes que tuvieron no tanto un conocimiento de algo o de alguien sino una experiencia vital que les dio la posibilidad de mirarse
a sí mismos y a los demás de una manera muy diferente tomando otro camino.
Definitivamente, evangelizar es tener el valor y libertad suficientes para diseñar mis propios sueños -y la capacidad para compartirlos con otros y otras- de acuerdo a lo yo creo que son los sueños de Jesucristo que los vivió plenamente hasta dar su vida por ellos.