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viernes, 27 de septiembre de 2013

PRIMERA AUSENCIA

Era el movimiento festivo infantil
y cuando ella llegó todo se detuvo para mirar sus ojos.
Entonces apenas conocía mi cuerpo
y mi alma
cargada de nubes y volantines.
Me sentía tan dueño del espacio leve y perdido
pues se convertía en lo más cierto del planeta
hasta que, con una sonrisa,
escapaba presurosa
dándole tanto sentido a mi pequeña vida
que mi corazón galopaba
con la dicha del misterio.



Un día nuestro encuentro fue más duradero
y tan silente como el vuelo de una hoja danzando con el viento
pues toqué su mano calurosa
y me juré ese día
-con juramento de niño por supuesto-
que había tocado el cielo.

Era el verano más hermoso de mi vida
que terminó cuando sus padres volvieron a su patria
de montañas y minerales.
Y de un cielo que no quise seguir mirando
pues se fue con ella.

Vicente Corrotea A.

Fotografía tomada de la Colección de Google.

lunes, 16 de septiembre de 2013

11 DE SETIEMBRE DE 1973

(Sé que cuando haces un poema no tienes que explicar nada. Sólo quiero decirte que éste, el de mas abajo, lo escribí como lo publico, sin mayores búsquedas de palabras, entre llorando y rabioso, entre apretando mis dientes y desahogándome e incapaz de ser mejor, más valiente. Aunque hoy día creo que en esas reuniones clandestinas y humanitarias, en la recitación de poemas que parecían ser mirados por tantos ojos negros y tocados por manos callosas, deben haber brotados pequeñas semillas).

Llevo un vegetal escondido,
patrimonio secreto para los años que siguen
abriendo una vez más la puerta de esta carne rescatada
para la fraternal compañía.

Hace cuarenta años
dos aves de hierro -hawker hunter- interrumpieron nuestros sueños 
destruyendo la casa de los presidentes elegidos,
y al paso de la tropa uniformada y obediente
fueron cayendo sobre el rostro de la tierra
maestros de escuela, obreros y campesinos, periodistas y poetas, niños y mujeres.



Hoy, en la lista onomástica faltan mil nombres
y las rosas rojas de esposas, madres, padres, hermanos, amigos y vecinos
se quedan en las manos arrugadas de tantos inviernos,
esperando saber dónde están los huesos queridos para honrarlos.
Tal vez quedaron en el desierto y se secaron, 
o en la húmeda tierra y la alimentaron,
o en la oscuridad marina espantaron al caballito de mar,
testigo de los sacos que contenían cuerpos humanos.
Horror, temor y silencios desde hace cuarenta años.
La voz oficial sugiere que ya es tiempo de los olvidos
para vivir tranquilos, 
que los recuerdos nos dividen, que en las calles no hay orden,
pero nuestros muertos nos claman para ser desenterrados
bajo un árbol, en un regimiento, 
en algún fundo del sur de Chile.
¿Dónde están nuestras amadas, dónde nuestros amados?
Hace cuarenta años que llevo este carbón encendido
y me va quemando por dentro,
pero que no se convierta en cenizas yo procuro.

Vicente Corrotea A

viernes, 6 de septiembre de 2013

NACIMIENTO PRIMORDIAL

Desde hace una veintena de inviernos
suelo caminar sobre el agua de la lluvia
con mis pies desnudos,
renovando antiguas ceremonias, 
fuentes de verdades combatientes.
Ha sido mi nacimiento primordial, mi edad madura,
la puerta de mi conciencia
a la conciencia del mundo y del cosmos.

Pero las leyes y códigos actuales
me convierten en ciudadano establecido
en un lugar con nombre de calle y número,
con catálogo indizado para mis compras
y proyectos sugeridos. 
Cargo con un pasaporte timbrado
y unas ropas que no he escogido.
Por las calles no hay árboles
sino monumentos: al soldado desconocido,
al ciudadano obediente, 
al empresario memorable.
Se vocean los diarios con las mismas noticias
y el horóscopo anuncia nuestra colectiva suerte.
Simulo que pienso, hablo y camino
como dócil habitante.











Lo que pocos saben es que, junto a muchos, 
corro a ponerme bajo la lluvia cerca del Parque de los Helechos,
recuperando mi simplicidad junto a la ternura y fortaleza 
en la danza de los abrazos,
a la válida palabra y a los silencios
y un modo de construir un mundo justo y fraterno.

                                              Vicente Corrotea A.


Fotografía tomada de la Colección de Google