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viernes, 27 de septiembre de 2013

PRIMERA AUSENCIA

Era el movimiento festivo infantil
y cuando ella llegó todo se detuvo para mirar sus ojos.
Entonces apenas conocía mi cuerpo
y mi alma
cargada de nubes y volantines.
Me sentía tan dueño del espacio leve y perdido
pues se convertía en lo más cierto del planeta
hasta que, con una sonrisa,
escapaba presurosa
dándole tanto sentido a mi pequeña vida
que mi corazón galopaba
con la dicha del misterio.



Un día nuestro encuentro fue más duradero
y tan silente como el vuelo de una hoja danzando con el viento
pues toqué su mano calurosa
y me juré ese día
-con juramento de niño por supuesto-
que había tocado el cielo.

Era el verano más hermoso de mi vida
que terminó cuando sus padres volvieron a su patria
de montañas y minerales.
Y de un cielo que no quise seguir mirando
pues se fue con ella.

Vicente Corrotea A.

Fotografía tomada de la Colección de Google.