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lunes, 30 de diciembre de 2013

SERÁ UNA MAÑANA

Los años siguen pasando 
unos tras otros
recordándote como la gran sorpresa,
almácigo iluminado por el cielo
en medio de mi anhelante sendero.

Te visitó el duende de las oscuridades,
cuando mujer te hiciste, 
aprisionando tu sueño
de sonreir como madre.
Mi dolor de padre me hizo tu hermano
y juntos verificamos
nuestras propias heridas
de cielos rotos y brumas invernales.


Detrás de las campanas abandonadas
sale el sol nuevamente
y se convierte en harina el trigo molido
para alimentar la esperanza sin tregua
de una vida que llevarás en tu vientre.
Y cuando tu sueño tenga su cumplimiento
oirás el mejor concierto de zorzales
en una mañana desnuda y clara.

Vicente Corrotea A


Fotografía de mi hija María Valeska

viernes, 29 de noviembre de 2013

GUITARRA





En su rincón, dormida,
descansa la guitarra,
inadvertida.

Vicente Corrotea A


Fotografía de la colección de Google

miércoles, 13 de noviembre de 2013

LA ALACENA

En una oscura alacena,
sobre una fresca muralla de adobe,
se obstinan 
en no ser vencidos
mis recuerdos:
olores de mi madre,
su quehacer interminable
y sus severidades,
misterios de libros
con países encantados,
la lluvia de invierno
tan copiosa y tan triste,
juegos con mi perro,
el alimento 
de las gallinas,
la vuelta al colegio.



















Vuelven los recuerdos 
como aves migratorias.
Algunas son atrapadas
cayendo al mar del olvido;
Otras se reproducen
de sepia y palideces
en esta hora de distancias 
más largas y acompasadas.

Dime, viajero:
¿dónde los ciudadanos se abrazan
para no perderme en el presente? 

Fotografía de Agustín Ruedas Palomares


Vicente Corrotea A.


viernes, 27 de septiembre de 2013

PRIMERA AUSENCIA

Era el movimiento festivo infantil
y cuando ella llegó todo se detuvo para mirar sus ojos.
Entonces apenas conocía mi cuerpo
y mi alma
cargada de nubes y volantines.
Me sentía tan dueño del espacio leve y perdido
pues se convertía en lo más cierto del planeta
hasta que, con una sonrisa,
escapaba presurosa
dándole tanto sentido a mi pequeña vida
que mi corazón galopaba
con la dicha del misterio.



Un día nuestro encuentro fue más duradero
y tan silente como el vuelo de una hoja danzando con el viento
pues toqué su mano calurosa
y me juré ese día
-con juramento de niño por supuesto-
que había tocado el cielo.

Era el verano más hermoso de mi vida
que terminó cuando sus padres volvieron a su patria
de montañas y minerales.
Y de un cielo que no quise seguir mirando
pues se fue con ella.

Vicente Corrotea A.

Fotografía tomada de la Colección de Google.

lunes, 16 de septiembre de 2013

11 DE SETIEMBRE DE 1973

(Sé que cuando haces un poema no tienes que explicar nada. Sólo quiero decirte que éste, el de mas abajo, lo escribí como lo publico, sin mayores búsquedas de palabras, entre llorando y rabioso, entre apretando mis dientes y desahogándome e incapaz de ser mejor, más valiente. Aunque hoy día creo que en esas reuniones clandestinas y humanitarias, en la recitación de poemas que parecían ser mirados por tantos ojos negros y tocados por manos callosas, deben haber brotados pequeñas semillas).

Llevo un vegetal escondido,
patrimonio secreto para los años que siguen
abriendo una vez más la puerta de esta carne rescatada
para la fraternal compañía.

Hace cuarenta años
dos aves de hierro -hawker hunter- interrumpieron nuestros sueños 
destruyendo la casa de los presidentes elegidos,
y al paso de la tropa uniformada y obediente
fueron cayendo sobre el rostro de la tierra
maestros de escuela, obreros y campesinos, periodistas y poetas, niños y mujeres.



Hoy, en la lista onomástica faltan mil nombres
y las rosas rojas de esposas, madres, padres, hermanos, amigos y vecinos
se quedan en las manos arrugadas de tantos inviernos,
esperando saber dónde están los huesos queridos para honrarlos.
Tal vez quedaron en el desierto y se secaron, 
o en la húmeda tierra y la alimentaron,
o en la oscuridad marina espantaron al caballito de mar,
testigo de los sacos que contenían cuerpos humanos.
Horror, temor y silencios desde hace cuarenta años.
La voz oficial sugiere que ya es tiempo de los olvidos
para vivir tranquilos, 
que los recuerdos nos dividen, que en las calles no hay orden,
pero nuestros muertos nos claman para ser desenterrados
bajo un árbol, en un regimiento, 
en algún fundo del sur de Chile.
¿Dónde están nuestras amadas, dónde nuestros amados?
Hace cuarenta años que llevo este carbón encendido
y me va quemando por dentro,
pero que no se convierta en cenizas yo procuro.

Vicente Corrotea A

viernes, 6 de septiembre de 2013

NACIMIENTO PRIMORDIAL

Desde hace una veintena de inviernos
suelo caminar sobre el agua de la lluvia
con mis pies desnudos,
renovando antiguas ceremonias, 
fuentes de verdades combatientes.
Ha sido mi nacimiento primordial, mi edad madura,
la puerta de mi conciencia
a la conciencia del mundo y del cosmos.

Pero las leyes y códigos actuales
me convierten en ciudadano establecido
en un lugar con nombre de calle y número,
con catálogo indizado para mis compras
y proyectos sugeridos. 
Cargo con un pasaporte timbrado
y unas ropas que no he escogido.
Por las calles no hay árboles
sino monumentos: al soldado desconocido,
al ciudadano obediente, 
al empresario memorable.
Se vocean los diarios con las mismas noticias
y el horóscopo anuncia nuestra colectiva suerte.
Simulo que pienso, hablo y camino
como dócil habitante.











Lo que pocos saben es que, junto a muchos, 
corro a ponerme bajo la lluvia cerca del Parque de los Helechos,
recuperando mi simplicidad junto a la ternura y fortaleza 
en la danza de los abrazos,
a la válida palabra y a los silencios
y un modo de construir un mundo justo y fraterno.

                                              Vicente Corrotea A.


Fotografía tomada de la Colección de Google



lunes, 26 de agosto de 2013

LO QUE POSEEMOS



"He aprendido a no apegarme a nada material.
Uno viene a este mundo a perderlo todo"

Isabel Allende, escritora chilena.

Pintura de Claude Monet

miércoles, 21 de agosto de 2013

NOCHE LARGA

La noche es larga y sola, 
sola y larga como pena que se arrastra,
hermana desarraigada con sus mamas disponibles y secas;
Noche que no ofrece recompensas ni castigos,
ni fatigas ni heridas nuevas.












Pero me deja aquí, retorciendo recuerdos,
mirando sin mirar,
colgadas en las oscuras e impertubables murallas
un par de fotografías
que emanan, desde las sombras, 
sonrisas y confianzas de un tiempo que pasó
sin darme cuenta.

Vicente Corrotea

Fotografía de la Colección de Google


sábado, 27 de julio de 2013

LLUVIA TARDÍA


La lluvia juguetona 
se ha encontrado con mi casa
mojando su rostro.
Salgo afuera y también me besa
con su húmeda boca.

Los árboles se regocijan
y lloran emocionados
de recibir tanta ternura,
la misma que recibo
pretextando alguna compra
en el almacén
de la próxima avenida.















¿Por qué lluvia llegaste tarde?
Te esperó y esperó
el árbol frente a mi casa
y de tanto esperar
arañó con sus oscuros dedos
las tuberías subterráneas,
decretando el municipio
tu desesperanza mortal
de abrazar el sol, el viento
y los pájaros que han huidos.

Ya no habrá sombra de verano
que pueda protegerme
pero hoy
la lluvia y yo nos amamos
como siempre. 

Fotografía desde el antejardín de mi casa.

sábado, 13 de julio de 2013

LAS CAMPANAS



No me gustan las campanas

obligadas por sepelios;

Prefiero aquellas que danzan

invitadas por el viento.

martes, 2 de julio de 2013

BAJO UN PORTICO

Por cientos de calles,
ríos que no saben adonde llegar,
corren hombres y mujeres
apretándose, separándose
en espera del bus
o del metro.
Llueve.
Saludos rápidos
los mismos de ayer
va pasando
la vida.










Un hombre oscuro,
foto antigua y degradada,
se recoge
bajo un pórtico.
Un cartón, 
antes caja con alimentos,
le abriga del frío
y la indiferencia.
¿Quién eres?
¿Cuándo olvidaste el calor
de una estufa hogareña?
¿El alcohol te hizo
peregrino obligado?
Somos ríos
que por las calles
no sabemos adonde llegar
A veces
en un pórtico
como el tuyo
por un rato 
nos guarecemos
y pasamos de largo.

               Foto Colección de Google

sábado, 22 de junio de 2013

INVIERNO

Mi playa antes soleada 
quedó entre nieblas
perdida,



y el muelle,
distante,
desaparecido.


                           Fotografía Colección de Google   

miércoles, 20 de febrero de 2013

VEJEZ

Sabes que mi puerta está abierta
a los misterios y reconciliaciones,
al viento de las caricias 
con aroma de jazmines,
al inagotable vino que reúne y ameniza
y a los pies que pisan desnudos y silenciosos.
Pero la cierro cuando te acercas y me hablas
de primaveras olvidadas,
de plazos cumplidos o de cansancios.

Por eso, vejez, 
no seré tu aliado quejumbroso 
aunque me niegues alguna herramienta
para seguir construyendo
profundidades en mi tierra habitable
o levantar mi candil anunciando 
tiempos de amor y de belleza.













No te temo ni siquiera 
cuando tocas mis huesos y los enfrías
y me haces más largos los caminos conocidos,
pues aún tengo ardores de batallas clandestinas
ante suaves lencerías que no puedo revelar,
y todavía madrugo despertando a otras vidas
para dejarte sus puertas cerradas.

Fotografía tomada del archivo de Google.