"SIEMPRE HE PENSADO QUE EL POETA NO ES SOLO EL QUE HABLA SINO TAMBIEN EL QUE OYE", Octavio Paz
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viernes, 23 de noviembre de 2012
miércoles, 31 de octubre de 2012
CUANDO NO PUEDA VERTE
Cuando no pueda verte
dí que me fui de inviernos,
que viajé al blanco frío
pero no digas "muerte".
Si hay algo en mí que sobreviva
cuando yo me ausente
te estaré esperando
como te esperé ese día.
Dí que bebí la madrugada
como hierba en el tejado
y me puse a dormir la noche
después de la jornada.
Si un día decides sin llanto
ir a mi lugar bajo la tierra
ponte la mejor lencería
y el vestido que te viene tanto.
Y si encuentras otras ternuras
por favor en mí no pienses;
Seré una estrella sin nombre
que se apagó en las alturas.
dí que me fui de inviernos,
que viajé al blanco frío
pero no digas "muerte".
Si hay algo en mí que sobreviva
cuando yo me ausente
te estaré esperando
como te esperé ese día.
Dí que bebí la madrugada
como hierba en el tejado
y me puse a dormir la noche
después de la jornada.
Si un día decides sin llanto
ir a mi lugar bajo la tierra
ponte la mejor lencería
y el vestido que te viene tanto.
Y si encuentras otras ternuras
por favor en mí no pienses;
Seré una estrella sin nombre
que se apagó en las alturas.
lunes, 17 de septiembre de 2012
ERAS UN PUEBLO SENCILLO
Eras un pueblo sencillo y claro,
a veces algo severo,
con tardes arrebatadas de sol
que los árboles gigantes
le robaban su último oro.
Por eso -decían los antiguos-
que fueron condenados,
Lo guardaste en secreto
a veces algo severo,
con tardes arrebatadas de sol
que los árboles gigantes
le robaban su último oro.
Por eso -decían los antiguos-
que fueron condenados,
entre discusiones urbanas,
a ser arrancados de la plaza
que congregabas el juego de los niños
y el sueño de los grandes.
Las madrugadas que amábamos
quedaron solitarias
y las noches de los grillos
fueron conquistadas
de ritmos lejanos.
de ritmos lejanos.
Lo guardaste en secreto
y nunca supimos si fue coincidencia
o la llegada de un virus desconocido
es que los niños expectoraban
en la puerta del hospital
y los ancianos
-que ya no contaban historias-
se iban al cielo silencioso.
Hace mucho tiempo
que no caminaba tus calles,
caricias para tus arterias,
y me he puesto a escuchar
desde el fondo de una casa de adobe
las notas de un viejo piano
que corren sobre los adoquines
cubiertos de asfalto,
buscando recuerdos florecidos
atrapados en un antiguo libro.
No deseo este afán de buses
que me trasladan con premura.
Prefiero descifrar el misterio de las nubes,
tendido sobre el vientre sagrado de la tierra,
bebiendo agua pura.
Fotografía de Don McCrae
y me he puesto a escuchar
desde el fondo de una casa de adobe
las notas de un viejo piano
que corren sobre los adoquines
cubiertos de asfalto,
buscando recuerdos florecidos
atrapados en un antiguo libro.
No deseo este afán de buses
que me trasladan con premura.
Prefiero descifrar el misterio de las nubes,
tendido sobre el vientre sagrado de la tierra,
bebiendo agua pura.
Fotografía de Don McCrae
viernes, 7 de septiembre de 2012
EL AROMO
Desde el fondo del invierno
me iluminas con áureas purezas,
querido aromo,
anunciando la próxima huída de las penumbras,
que seré dueño del sol y de la vida,
y me olvidaré de la tristeza lenta
de esta llovizna que envuelve mi alma.
Aunque este tiempo
haga mi paso inadvertido
seré como tú, aromo, un profeta
anunciando amaneceres.
En la dura jornada
me levantaré con orgullo de rodrigón
exigiendo nuevas leyes
que devuelvan nuestro espacio
y el rito de la vida sencilla
que alimenta la ambición de ser mejores,
aunque algún yerro, como sombra,
cubra mi labranza compartida.
Fotografía tomada de la colección de Google.
me iluminas con áureas purezas,
querido aromo,
anunciando la próxima huída de las penumbras,
que seré dueño del sol y de la vida,
y me olvidaré de la tristeza lenta
de esta llovizna que envuelve mi alma.
Aunque este tiempo
haga mi paso inadvertido
seré como tú, aromo, un profeta
anunciando amaneceres.
En la dura jornada
me levantaré con orgullo de rodrigón
exigiendo nuevas leyes
que devuelvan nuestro espacio
y el rito de la vida sencilla
que alimenta la ambición de ser mejores,
aunque algún yerro, como sombra,
cubra mi labranza compartida.
Fotografía tomada de la colección de Google.
miércoles, 15 de agosto de 2012
viernes, 3 de agosto de 2012
viernes, 8 de junio de 2012
EL REGRESO
La tarde va entregando su turno a la noche
cuando una brizna de sol
impide a las estrellas que titilen.
La ciudad apurada,
ignorando los secretos de un perfume,
pretende detenerme por mis espaldas.
Me acerco a las últimas esquinas
de un mapa conocido
donde mi corazón ha dibujado
el lugar de un tesoro
que cada día descubro
junto a mi perro,
proclamador de mi llegada.

Adentro,
en cada habitación,
el mundo es tan cierto
como manos de anciano.
Desde la cocina danzan olores
anunciándome una sorpresa.
Entonces,
desvelando en esta orilla del tiempo
tantas heridas,
alejadas ahora por el vino de los años,
y tantas razones ya olvidadas,
aparece ella, aunque ya presentida
en el centro de mi universo,
con su sonrisa tan antigua
como el viento
y tan nueva como la mañana.
La existencia ya no se mide ni se cuenta
con ábacos extraños.
Y comenzamos a vivir.
Fotografía de Don McCrae, "Riberac Street"
cuando una brizna de sol
impide a las estrellas que titilen.
La ciudad apurada,
ignorando los secretos de un perfume,
pretende detenerme por mis espaldas.
Me acerco a las últimas esquinas
de un mapa conocido
donde mi corazón ha dibujado
el lugar de un tesoro
que cada día descubro
junto a mi perro,
proclamador de mi llegada.

Adentro,
en cada habitación,
el mundo es tan cierto
como manos de anciano.
Desde la cocina danzan olores
anunciándome una sorpresa.
Entonces,
desvelando en esta orilla del tiempo
tantas heridas,
alejadas ahora por el vino de los años,
y tantas razones ya olvidadas,
aparece ella, aunque ya presentida
en el centro de mi universo,
con su sonrisa tan antigua
como el viento
y tan nueva como la mañana.
La existencia ya no se mide ni se cuenta
con ábacos extraños.
Y comenzamos a vivir.
Fotografía de Don McCrae, "Riberac Street"
viernes, 18 de mayo de 2012
LA PRIMERA MUJER
La primera mujer que moldée con mis manos
descubriendo lo más hermoso de este mundo,
quedé embriagado del cosmos reluciente
hasta la oscura habitación de las lombrices.
Entonces, una lágrima brilló resbalando
como gota de rocío
hasta la tierra,
vientre de la vida,
fecundando la esperanza.
Su mirada, breve y eterna,
alimentó los veranos de mi nuevo calendario.
Aunque los recuerdos se apaguen poco a poco
y las palabras tengan otro sentido
sé que después de esa tarde ella no fue la misma
ni yo tampoco.
Fotografía tomada de Google.
descubriendo lo más hermoso de este mundo,
quedé embriagado del cosmos reluciente
hasta la oscura habitación de las lombrices.
Entonces, una lágrima brilló resbalando
como gota de rocío
hasta la tierra,
vientre de la vida,
fecundando la esperanza.
Su mirada, breve y eterna,
alimentó los veranos de mi nuevo calendario.
Aunque los recuerdos se apaguen poco a poco
y las palabras tengan otro sentido
sé que después de esa tarde ella no fue la misma
ni yo tampoco.
Fotografía tomada de Google.
martes, 10 de abril de 2012
QUÉ HARÍA CON MIS PEDAZOS
Te veía abriendo la puerta
y saliendo de nuestra casa
cubierta con el manto que te había obsequiado,
y saliendo de nuestra casa
cubierta con el manto que te había obsequiado,
absorviéndote la neblina que envolvía la mañana,
dejándome solo.
Era sólo un sueño
y al despertar descubría
un rayo paciente de la luna
plateando tu rostro confiado.
Bajo mi piel instalado
el mal sueño oradaba mi paz y alegría.
¿Qué haría, si te fueras, con las palabras
que proclamaron nuestras verdades
o gritamos las injusticias?
¿Qué haría con mi norte,
con nuestro búcaro sin flores?
¿Con quién celebrar el cambio
de las estaciones?.
Sin embargo, permaneces a mi lado
en nuestro tálamo de siempre, unidos,
tú soñando no sé qué mundos mejores,
yo mirando tu rostro de reina.
Mañana, después de este silencio nocturno,
haremos el pan que se comparte,
remendaremos nuestras jornadas
-que se gastan con los años-
platicaremos de la receta encontrada
o del último libro que leímos.
Mientras sigo observando
este rayo de luna descendiendo por tu cuerpo.
¿Pero qué haría con mi vida en pedazos
si mañana no estuvieras?
Fotografía tomada de Google.
y al despertar descubría
un rayo paciente de la luna
plateando tu rostro confiado.
Bajo mi piel instalado
el mal sueño oradaba mi paz y alegría.
¿Qué haría, si te fueras, con las palabras
que proclamaron nuestras verdades
o gritamos las injusticias?
¿Qué haría con mi norte,
con nuestro búcaro sin flores?
¿Con quién celebrar el cambio
de las estaciones?.
Sin embargo, permaneces a mi lado
en nuestro tálamo de siempre, unidos,
tú soñando no sé qué mundos mejores,
yo mirando tu rostro de reina.
Mañana, después de este silencio nocturno,
haremos el pan que se comparte,
remendaremos nuestras jornadas
-que se gastan con los años-
platicaremos de la receta encontrada
o del último libro que leímos.
Mientras sigo observando
este rayo de luna descendiendo por tu cuerpo.
¿Pero qué haría con mi vida en pedazos
si mañana no estuvieras?
Fotografía tomada de Google.
viernes, 9 de marzo de 2012
PELOTA DE TRAPO
Mi infancia,
pelota de trapo,
rodó preñada de inviernos
hasta aquel rincón de recuerdos,
vencida,
junto a los zapatos de tantas jornadas.
Me hice dios creando un planeta
con las medias desechadas por mamá
que cubrían otros trapos
de misiones cumplidas.
Un día de sol septembrino
nos encontramos mi madre fallecida,
mi pelota de trapo y yo
en un lugar cuya niebla se había marchado,
y en un abrazo nos reconocimos
después de mucho años.
Mi infancia iluminó mi madurez
y mi madurez ha jugado desde entonces
con el almanaque amarillo de recuerdos
y datos alterados de nostalgias.
No hemos dejado de rodar
con mi pelota de trapo.
Ella cuesta abajo,
a veces yo cuesta arriba,
embriagados de nuevos aromas,
con el sollozo salobre de olvidos
o con la copa celebratoria
de ir entonando las mismas canciones,
de ir abrazando los mismos cuerpos,
mirando los mismos ojos,
aceptando el designio
que la vida nos propone.
pelota de trapo,
rodó preñada de inviernos
hasta aquel rincón de recuerdos,
vencida,
junto a los zapatos de tantas jornadas.
Me hice dios creando un planeta
con las medias desechadas por mamá
que cubrían otros trapos
de misiones cumplidas.
Un día de sol septembrino
nos encontramos mi madre fallecida,
mi pelota de trapo y yo
en un lugar cuya niebla se había marchado,
y en un abrazo nos reconocimos
después de mucho años.
Mi infancia iluminó mi madurez
y mi madurez ha jugado desde entonces
con el almanaque amarillo de recuerdos
y datos alterados de nostalgias.
No hemos dejado de rodar
con mi pelota de trapo.
Ella cuesta abajo,
a veces yo cuesta arriba,
embriagados de nuevos aromas,
con el sollozo salobre de olvidos
o con la copa celebratoria
de ir entonando las mismas canciones,
de ir abrazando los mismos cuerpos,
mirando los mismos ojos,
aceptando el designio
que la vida nos propone.
lunes, 30 de enero de 2012
HOLA. ESTOY DE VUELTA.
¡He deseado tanto estar acompañando vuestras entradas y escribiendo las mías...! Pero la vida -y nosotros sin quererlo- hace que tropiecen nuestras pasiones más nobles. Después de esta ausencia acá estoy de nuevo para leer, comprender y comentar; Para escribir y soñar que podemos ser mejores.
sábado, 29 de octubre de 2011
EL MENSAJE
Tienes, ¡Oh, amado Rey!, muchos detractores en la corte que aseguran que vuestra merced es incapaz de resolver los graves problemas de sus súbditos y que toma decisiones sin medir consecuencias.
Ante terribles acusaciones, nos mantenemos leales a su señoría, tal como el mensajero que -pese a su edad- es una persona de entera confianza.
Le ruego, mi señor, que cuando termine de leer este mensaje tenga la bondad de quemarlo con el fin de no dejar rastro a sus enemigos.
Entonces el rey mandó quemar a su mensajero.
Caricatura de Google
martes, 20 de septiembre de 2011
MIS MANOS
Para vivir no necesito
andar por nuevos caminos
ni esperar a los amigos
en nuevas estaciones.
Tampoco para conocer otros sabores
abasteciendo otra cocina.
Simplemente doy
el valor profundo que tienen
mis manos
acariciando el papel
con ternura de pluma celeste
cuando escribo el libro de la vida
que siempre está comenzando.
Si es cierto que una divinidad existe
para darme un propósito a mi vida
debe ser -estoy seguro-
tener las manos sueltas,
vigilantes, atentas.
Si tú llegas
mis manos encuentran su mejor destino
y quieren correr o detenerse
en tus luces y penumbras.
Después, cuando el alba se asoma
dichosa y serena,
mis manos se aprestan a cambiar el mundo
que tiene espadas,
yo sólo estas manos humildes
para hacer el pan y cuidar el vino.
Fotografía de Google
andar por nuevos caminos
ni esperar a los amigos
en nuevas estaciones.
Tampoco para conocer otros sabores
abasteciendo otra cocina.
Simplemente doy
el valor profundo que tienen
mis manos
acariciando el papel
con ternura de pluma celeste
cuando escribo el libro de la vida
que siempre está comenzando.
Si es cierto que una divinidad existe
para darme un propósito a mi vida
debe ser -estoy seguro-
tener las manos sueltas,
vigilantes, atentas.
Si tú llegas
mis manos encuentran su mejor destino
y quieren correr o detenerse
en tus luces y penumbras.
Después, cuando el alba se asoma
dichosa y serena,
mis manos se aprestan a cambiar el mundo
que tiene espadas,
yo sólo estas manos humildes
para hacer el pan y cuidar el vino.
Fotografía de Google
miércoles, 24 de agosto de 2011
ESTRELLAS POLVORIENTAS
Los años van pasando
y nuestros párpados cansados
descubren en los espejos irrefutables
esperanzas despedazadas,
iras no contenidas
y lágrimas fugases
iluminando recuerdos
de tertulias nocturnas
con aquellos que están lejos
o se han marchado sin vuelta
después de levantar banderas
de polen y piedras
entre las horas oscuras
y los poemas insurgentes.
Pasan los años
y el pecho aún caliente
se pregunta en qué parte
crecieron las semillas esparcidas
por nuestras trémulas manos
ahora sin la cosecha
de abrazos, pan y palabras.
Sin embargo,
seguimos premunidos
de la porción de aceite
que mantiene florecida nuestras lámparas,
iluminando el cotidiano paso
en este atardecer de cobre y cenizas
y de estrellas polvorientas.
Vicente Corrotea A.
Imagen de Google
y nuestros párpados cansados
descubren en los espejos irrefutables
esperanzas despedazadas,
iras no contenidas
y lágrimas fugases
iluminando recuerdos
de tertulias nocturnas
con aquellos que están lejos
o se han marchado sin vuelta
después de levantar banderas
de polen y piedras
entre las horas oscuras
y los poemas insurgentes.
Pasan los años
y el pecho aún caliente
se pregunta en qué parte
crecieron las semillas esparcidas
por nuestras trémulas manos
ahora sin la cosecha
de abrazos, pan y palabras.
Sin embargo,
seguimos premunidos
de la porción de aceite
que mantiene florecida nuestras lámparas,
iluminando el cotidiano paso
en este atardecer de cobre y cenizas
y de estrellas polvorientas.
Vicente Corrotea A.
Imagen de Google
miércoles, 3 de agosto de 2011
MI PALOMA HERIDA (A mi hija mayor)
Mientras roto y oscuro nos cubre el cielo al mediodía
acá abajo la paloma con dolor contrae
su vientre ensangrentado,
picoteado elevosamente por un ave de rapiña
que dejándole abierta su alforja
cae la semilla de su próxima primavera
al estanque infinito
de lágrimas silenciosas.
¿Acaso mi paloma no era heredera
de manitas pequeñas al principio
y de cuídate mamá con el tiempo?
Cuatro níveas murallas que lo abarcan todo
tienen atrapada a mi paloma.
No hay canciones
sino órdenes imperiosas.
No hay ternuras
sino un instrumental amenazante.
Tampoco palabras conocidas
sino sílabas galenas
que la alejan de mi patria
a un espacio de silencios
y enigmas que no comprende.
No culpo a ciertos avatares
de dioses olvidados
ni a zodíacos antiguos
ni al viento sur si perdió el camino.
Me dicen que fue el tiuque maldito
que se nutre con el dolor de carnes vencidas
el que se ha atrevido a dañar la dicha
de mi avecita regalona.

Algo se interrumpe en esta noche
de párpados pesados y vigilantes
que despierta al niño que llevo dentro
haciéndome orar como antes oraba.
Mis lágrimas se acristalan
convirtiéndose en rosario de la infancia
ese que hacía elevarse en los sueños
a mis volantines destrozados
o convertía el invierno en esperanzas
y colores.
Pero hoy mi fe está en la divinidad
que libera
y en mis manos
que ahora no saben dónde estar, vive
en mi experiencia,
en los ladrillos de cada día,
en los abrazos.
Con mi báculo quebrado
de pastor herido
ahuyentamos al ave oscura
de uñas sanguinarias
hasta encontrar el sendero fresco
de esperanzas
que estuvo como perdido,
y paloma y palomo
vuelvan a volar gallardos
tras nuevos aromas
y palabras,
aunque no puedan
recolectar el espléndido germen
de asombros y alabanzas
que nos regala la vida.
En la fotografía, mi hija María Valeska y yo.
acá abajo la paloma con dolor contrae
su vientre ensangrentado,
picoteado elevosamente por un ave de rapiña
que dejándole abierta su alforja
cae la semilla de su próxima primavera
al estanque infinito
de lágrimas silenciosas.
¿Acaso mi paloma no era heredera
de manitas pequeñas al principio
y de cuídate mamá con el tiempo?
Cuatro níveas murallas que lo abarcan todo
tienen atrapada a mi paloma.
No hay canciones
sino órdenes imperiosas.
No hay ternuras
sino un instrumental amenazante.
Tampoco palabras conocidas
sino sílabas galenas
que la alejan de mi patria
a un espacio de silencios
y enigmas que no comprende.
No culpo a ciertos avatares
de dioses olvidados
ni a zodíacos antiguos
ni al viento sur si perdió el camino.
Me dicen que fue el tiuque maldito
que se nutre con el dolor de carnes vencidas
el que se ha atrevido a dañar la dicha
de mi avecita regalona.
Algo se interrumpe en esta noche
de párpados pesados y vigilantes
que despierta al niño que llevo dentro
haciéndome orar como antes oraba.
Mis lágrimas se acristalan
convirtiéndose en rosario de la infancia
ese que hacía elevarse en los sueños
a mis volantines destrozados
o convertía el invierno en esperanzas
y colores.
Pero hoy mi fe está en la divinidad
que libera
y en mis manos
que ahora no saben dónde estar, vive
en mi experiencia,
en los ladrillos de cada día,
en los abrazos.
Con mi báculo quebrado
de pastor herido
ahuyentamos al ave oscura
de uñas sanguinarias
hasta encontrar el sendero fresco
de esperanzas
que estuvo como perdido,
y paloma y palomo
vuelvan a volar gallardos
tras nuevos aromas
y palabras,
aunque no puedan
recolectar el espléndido germen
de asombros y alabanzas
que nos regala la vida.
En la fotografía, mi hija María Valeska y yo.
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